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lunes, 16 de junio de 2014

Por qué la silla de pensar es un modelo de crianza basado en el poder

 

Los niños experimentan buscando, haciendo cosas y preguntando y preguntándose hasta donde pueden llegar. Ellos no conocen los límites, somos los adultos quienes tenemos que marcar las pautas de lo que sí está bien o lo que no lo está. Pero, ¿cómo lo hacemos? ¿Cuál es el mejor método para conseguir el principal objetivo, es decir, que distingan lo bueno de lo malo? Los pedagogos llevan años discutiendo teorías mientras los niños siguen haciendo siempre lo mismo: investigar. Da igual la cultura, la clase social, la raza, el lugar, el tiempo, ellos siempre intentarán subirse a esa ventana, coger el juguete de otro niño, aquello que un adulto usa con punta. 


¿Cuáles son las mejores maneras de enseñar a los niños aquello que está bien y aquello que está mal? Semanas atrás hemos visto que los gritos, los castigos físicos, sólo consiguen crear rabia y desencuentro, además de conseguir que el niño actúe por miedo y no porque verdaderamente haya aprendido qué es bueno y qué es malo. Hace tiempo se puso de moda la llamada «silla de pensar» consistente en castigar a un niño que ha hecho algo mal a sentarse en una silla durante un rato a pensar sobre lo que ha hecho. 
 
—¿En qué consiste la famosa «silla de pensar» aplicada a los niños?
Desde hace unos años, la silla de pensar, el tiempo fuera o el time out se volvieron recursos sugeridos y utilizados por las escuelas y padres de familia. En su momento causó un gran revuelo la posibilidad de «ofrecer un momento para pensar a los chicos que han hecho algo mal» y, como otras muchas prácticas novedosas, también se concluyó que la técnica, lejos de ofrecer un momento de reflexión, no deja de ser una práctica conductista (que condiciona a un comportamiento esperado) que se enfoca a la obediencia, aportando poco a la autoestima infantil y al esperado pensamiento reflexivo de las conductas realizadas. 


—Es un castigo disfrazado…
En su momento se presentó como una alternativa para la autorregulación infantil, siendo en pocas palabras un castigo disfrazado de «buena voluntad». Ahora sabemos que el empleo de los castigos, lejos de ser beneficiosos para la educación, impone un modelo de crianza basado en el poder. Es preciso considerar si queremos criar a nuestros hijos a partir de este principio o bien si queremos propiciar en ellos la posibilidad de la reflexión y la (re) solución de problemas.


—¿Qué implica la silla de pensar?
La silla de pensar se utiliza cuando se considera que el niño no ha tenido una conducta adecuada y ha reaccionado ante determinada situación, invitándolo a «reflexionar» en la silla por unos minutos (se sugiere un determinado tiempo, según la edad). El niño debe estar solo y regresar cuando se haya calmado.


—¿Y qué se supone que pasa cuando el niño está «pensando» en su silla?
En realidad cuando el niño está en la silla, está aislado, enojado y frustrado. Ha reaccionado ante una situación que no ha podido resolver verbalmente, por tanto ha reaccionado impulsivamente. Como cualquier otro humano, cuando estamos enojados y respondemos ante determinada situación, a menudo no nos detenemos a pensar si es adecuado o no lo que dijimos/hicimos.
Al estar obligados a «un momento de pensar» seguimos enojados y probablemente un poco más que antes, siendo este un momento para acrecentar los sentimientos y por el contrario a lo que se piensa no invita a la reflexión de la conducta realizada. Él está sentado en la silla mientras los demás esperan a que ÉL sea quién arregle las cosas a partir del aislamiento y el supuesto momento de pensamiento/reflexión que se espera llegue solamente por estar en la silla sin brindarle acompañamiento emocional y físico.


-Entonces…¿no funciona?
-Rotundamente no.
 La silla de pensar no es un buen método
¿Por qué no utilizar la silla de pensar?
Transmitimos el mensaje de que solo se piensa cuando hemos hecho algo mal y que solo debemos pensar nuestros actos cuando nos enfadamos. Enviar a nuestros hijos a la silla no brinda la oportunidad de reparar la conducta realizada y subsanar el hecho «lo tiro, lo puedo levantar», «te pego, te puedo sobar», «te lo quité, lo podemos negociar», «te grité, lo podemos hablar».
Este tipo de técnicas causan sensación de abandono en el niño, de rebeldía, disminuye las posibilidades de diálogo y negociación, entre pares y sobre todas las cosas con los padres. Se cree que los niños por ser pequeños no comprenden los mensajes adultos, cuanta sorpresa nos podemos llevar si prestamos atención a las actitudes de ellos ¿Has visto cómo te imita? ¿Cómo cuando juega manda a sus muñecos a la silla de pensar? Si es así, tienes la respuesta en tus manos. Estamos hablando de criar de forma respetuosa, de aplicar la Pedagogía Blanca, donde realicemos una verdadera reflexión de nosotros como adultos, al ser empáticos con las acciones de los niños, de compartir las vivencias y situaciones cotidianas en un ambiente libre de gritos, golpes y castigos.


—¿Cómo resolver problemas pensando y sin silla?
Esta es una acción de compromiso por parte de los padres que desean educar niños que de verdad sean reflexivos, pensantes y empáticos ante las problemáticas familiares y sociales. Analiza: los momentos en los que has utilizado la silla de pensar, reflexiona ante estas situaciones y piensa ¿podría haberlo evitado? ¿Podría modificar esa situación para que no se presente nuevamente? Considera: ¿crees que puedes negociar diez minutos más de juego antes de bañarse o dar opciones ante situaciones que pueden causar enfado?
Por ejemplo, diciéndole al niño: «puedes llevar solo juguetes que quepan en tu bolsa, los grandes no caben, veamos cuáles sí» Mostremos respeto ante sus decisiones, el niño —como cualquier otra persona— quiere sentir control sobre sus decisiones.
Negociemos juntos que sí y que no, esto lo conseguiremos estableciendo límites claros y reales en casa, no modificarlos y siendo constantes. Si bien hay cosas que no podemos negociar, hay muchas otras a las que podemos ofrecerles alternativas.


¿Qué hacer para resolver estos conflictos con los niños? Estamos hablando de tres, cuatro, cinco años…
Si queremos que nuestro hijo aprenda a resolver los conflictos en la vida adulta, que aprenda a manejar el estrés en un empleo o a negociar con otras personas, este es el momento de modificar nuestras actitudes como padres, podemos/debemos aportar seguridad, incrementar el vínculo madre-hijo, autoestima, brindar opciones de negociación, resolución de problemas y abrir canales de comunicación.
Trata de solucionar juntos el problema ¿ha tirado la comida? No le gusta lo que le has servido busca hacer una negociación «puedes comerte solo la mitad y después levantamos juntos lo que has tirado» cuando son pequeños muchos de los enojos surgen a partir de la frustración de no poder expresar o realizar algo en particular, en este caso podemos decir ¿te ayudo a alcanzarlo? ¿quieres que te muestre como hacerlo?


—¿Y si quiere estar solo?
—Si quiere estar solo, también es válido, concédele ese momento, sin hacer alarde de «estás solo porque te has portado mal», no se relaciona querer tener un momento en silencio con soledad o castigo. Como todo proceso, requiere de un tiempo, estamos hablando de cambiar nuestro propio esquema de aprendizaje y educación previa. Requeriremos hacer de esto un hábito para poder ver los resultados, mientras tanto y en lo que llegamos a esto podemos emplear las siguientes estrategias para no caer en la tentación de la silla de pensar.


Algunos consejos cuando se presente el conflicto

1. Si ves que tu hijo está haciendo algo que no es conveniente no ignores la situación, detén lo que estás haciendo, acércate, contenlo, habla.
2. Muéstrate empático ante su enfado, no minimices su frustración ni sus motivos. Por ejemplo: “sé que te ha molestado que te quite el juguete, no debes tirar de la mesa, es peligroso y no quiero que te vayas a lastimar”.
3. Si habla y te explica lo sucedido, déjalo terminar, no lo juzgues, escúchalo y ofrécele alternativas para solucionar el problema.
4. No etiquetes a tu hijo, ni permitas que lo hagan. No justifiques su comportamiento ante otros con frases tipo: «si dejas que te manipule cuando tenga 15 ya verás», pero qué chillón, qué brusco, qué malo. Recuerda que si lo decimos, ellos lo toman como real ¿es mamá quien lo dice, no? Sed claros y conscientes de lo que quieres para tu hijo, las etiquetas no te ayudarán a que él mejore su conducta.
5. Siempre recuérdale que lo quieres, no importa la situación por la que pase. Jamás digas cosas que se puedan interpretar como pérdida o disminución de amor. Esto favorecerá los canales comunicativos, no solo ahora, sino que estarás abriendo espacios para cuando sea mayor; sabrá que puede contar y confiar en ti.
6. No pierdas tú la paciencia, a veces la información que tenemos de nuestra propia educación es la que dicta la forma de educar a nuestros hijos. Si te has decidido por cambiar los patrones en tu casa, este tipo de eventos te ayudarán a reflexionar acerca de lo que tú quieres para ellos.
7. Una vez que regrese la calma, hablad de lo sucedido; no le des demasiadas vueltas. No traigas el tema a colación después de dos días. Eso no ayuda a nadie y no resuelve la situación tampoco.
8. Las acciones se relacionan a la búsqueda de autonomía de descubrir el mundo y sus capacidades. Ayúdale a que cada día sea un momento eficaz de descubrimiento.
9. No grites, habla en tono normal. Habla con él, siéntate a su lado y míralo a los ojos.
10. Ofrece algún objeto para canalizar el enfado; una almohada por ejemplo o abrazar un muñeco grande de peluche.
11.Cuando el niño se ha desbordado es porque no ha logrado comunicarse efectivamente, busca palabras para que pueda expresar su enfado ¿Qué te ha molestado? ¿Te sientes enfadado porque se cayó?
12. Observa si estás a tiempo de cambiar el foco de atención, puedes ofrecer alguna alternativa para que no siga haciendo eso.
13. Muéstrate respetuoso ante su sentimiento. Dale un fuerte abrazo y dile cuánto lo quieres.
 

Tomado de Padres e Hijos / Familia / Gema Lendoiro / Entrevista a Deheni Rubio, psicopedagoga de la Pedagogía Blanca y autora de "mimamedice".




Científicos franceses desmienten la creencia popular de que las mujeres poseen un «instinto maternal» que hace que cuiden mejor a sus niños

Los hombres también son capaces de distinguir el llanto de sus bebés



Científicos de la Universidad Paris XI-Orsay, en Francia, han constatado que los padres están igual de capacitados que las madres para reconocer el llanto de su bebé, lo que según los autores puede desmentir la creencia de que las mujeres tienen un «instinto maternal» que hace que cuiden mejor a sus niños. 


Según los resultados que publica en su último número la revista «Nature Communications», la diferencia puede ir más marcada por el tiempo que cada uno de los padres pasa con el bebé, que por el sexo. 


Otras investigaciones semejantes realizadas en las décadas de los 70 y los 80 llegaron a la conclusión de que las madres eran más eficaces que los padres en reconocer a su bebé, pero ninguno de ellos tenía en cuenta el tiempo que cada uno de los dos pasaba con el niño. En esta ocasión, el estudio ha tenido en cuenta también que el contacto diario con otros bebés perjudica la capacidad de reconocer al propio. Los científicos sugieren que esto podría estar asociado a una estrategia adaptativa. «Cuando oyes a un bebé llorando y no estás absolutamente seguro de si es el tuyo, es mejor echar un vistazo para asegurarte», ha explicado a SINC Nicolás Mathevon, uno de los autores del estudio. 


Para hacer el experimento se grabaron los llantos espontáneos de 29 bebés durante el baño y se pusieron las grabaciones a los progenitores sin decirles cuál era la de su niño. Participaron familias de Francia y de la República Democrática del Congo, con el fin de minimizar las diferencias culturales. De este modo, no se encontraron diferencias entre los dos grupos de nacionalidades, ni en función de la edad y el sexo del bebé, ni el número de hijos de la pareja.


Aunque esta investigación no compara quién de los dos progenitores es mejor a la hora de interpretar por qué llora el bebé, Mathevon asegura que ese «será el segundo paso del estudio». Asimismo, los autores sugieren que futuros estudios serían útiles para determinar la relación entre la situación hormonal y la capacidad de reconocimiento de los padres. 
 
Agencia Reuters - Madrid 2014


miércoles, 14 de mayo de 2014

Normativa de lactancia materna


Este documento, elaborado por la subcomisión de lactancia materna del Hospital Universitario Virgen del Rocío, constituye una herramienta de calidad para facilitar el inicio de la lactancia, en los primeros momentos de vida, así como favorecer el establecimiento del mejor vínculo posible entre madre-hijo. Esta política pretende ser el punto de partida para lograr los cambios adecuados en las prácticas de este centro para promover, proteger y apoyar la lactancia materna.

Para conocerla sólo tienes que picar en el siguiente enlace:

miércoles, 30 de abril de 2014


La estimulación temprana ayuda a fortalecer el cuerpo y a desarrollar las emociones y la inteligencia de tu hijo o hija. Integra estas actividades a su juego diario. Abrázale, felicítale, sonríele, háblale y dile lo mucho que lo quieres, así, contribuirás a su desarrollo pleno y al cuidado de su salud.










Áreas del desarrollo
  • Motricidad Gruesa: son los grandes movimientos del cuerpo, piernas y brazos.
  • Motricidad fina: son los movimientos finos y precisos de las manos y dedos.
  • Área del Lenguaje: es la capacidad de comunicarse y hablar.
  • Socio-afectivo: es la capacidad de relacionarse con los demás y expresar sentimientos y emociones.


Sugerencias para la estimulación temprana

Desarrolla las actividades en un ambiente tranquilo y seguro.
Siempre premia o festeja los resultados obtenidos.
No fuerces su respuesta si no quiere hacer las actividades.
Participen ambos padres o aquellas personas encargadas del cuidado diario en la estimulación de los hijos o hijas.
Las actividades deben realizarse diariamente o por lo menos tres veces a la semana.
Repite las series de ejercicios por lo menos cinco veces.
Acompaña las actividades con música, canciones, rimas y juegos.
El momento ideal para estimularles es cuando están despiertos y tranquilos.
Deja pasar 30 minutos después de alimentarle.
Aprovecha las actividades diarias como la alimentación, el baño, el juego, el vestirle.
Diseña tus propios instrumentos para los ejercicios, no necesitas gastar para estimularle.


jueves, 19 de diciembre de 2013

ORIENTACIONES ANTE LAS RABIETAS INFANTILES

Ante las rabietas... mucha serenidad y comprensión

ORIENTACIONES PARA LOS PADRES Y EDUCADORES ANTE LAS RABIETAS INFANTILES


—Anticiparnos para poder evitar situaciones conflictivas.
Todos sabemos que hay lugares más comprometidos que otros (la cola del supermercado, el quiosco de la esquina, etc.). Como adultos, podemos prever estas situaciones y tratar de evitarlas. Si mamá sale con el niño del súper mientras papá paga y recoge la compra (o viceversa) o si evitamos pasar delante de la juguetería, estaremos ahorrándonos disgustos innecesarios. 

—Detectar las señales previas.
Un niño no pasa de cero a cien en un segundo. Antes de que se desencadene el conflicto hay unas señales que nos pueden indicar que nuestro hijo no está de acuerdo con algo y se está enfadando. Si les prestamos atención, seguro que detectamos un pequeño gesto de desagrado o un «no me gusta». 

—Entender sus deseos. Ponernos en su lugar.
Debemos tener muy presente que la forma de comprender la realidad de los niños es muy diferente a la de los adultos. Donde nosotros vemos una habitación desordenada, ellos ven su propio orden, su propia disposición de las cosas. 

—Flexibilidad ¿de verdad no puede ser?
Muy relacionado con el punto anterior. Los padres tenemos que distinguir las cosas que son realmente importantes de las que son más secundarias. Muchas veces, les llenamos la vida de normas y límites que no tienen verdadero sentido práctico y que es fuente de frustración para los pequeños. 
Los niños deben tener y entender unas mínimas normas de seguridad (los cuchillos cortan), convivencia (si grito por la noche, puedo molestar a otros) y respeto a los demás (si le pego a otro, le duele), pero más allá de estos límites mínimos, los niños necesitan margen para experimentar, disfrutar y expandir sus mentes. 

—Favorecer la comunicación. Verbalizar lo que le pasa.
Uno de los ámbitos en el que tenemos que incidir para minimizar las explosiones de enfado de los niños es en la comunicación. Desde muy pequeñitos, podemos potenciar cualquier manera de comunicación (gestos, palabras sencillas). Si nuestro hijo es capaz de expresar cosas como«no me gusta» o «me estoy enfadando», cuando llegue a los 2-3 años, nos será mucho más fácil comprender lo que quiere y poder hablar con él cuando no sea posible concedérselo. Cuanto mejor pueda explicar tu hijo lo que le pasa o lo que le enfada, más fácilmente podréis buscar una solución que satisfaga a todos. 
Háblale con calma, con un tono sereno, explícale los motivos por los que no puede hacer lo que quiere en ese momento: «sé que quieres seguir montando en bicicleta, pero se ha hecho de noche, mamá está muy cansada y tenemos que ir a casa». Además, de esta forma, él se sentirá respetado y aprenderá a tratar con respeto a las demás personas. 

—Ofrecer alternativas si no puede ser.
Hay momentos en los que no podemos complacer a nuestros hijos, no por crearles frustración a propósito, sino porque la vida tiene sus propias limitaciones y no siempre podemos hacer lo que queremos. 
Siempre hay que tener un «plan B». Debemos tener en mente una relación de las actividades y los juegos favoritos de nuestros hijos para poder ofrecerles una alternativa cuando no podamos darle lo que pide. Correr, dar volteretas, cosquillas, etc. En general, cualquier actividad que implique jugar con papá o mamá es mano de santo. Cualquier niño prefiere jugar con sus papás antes que una chuchería. 

—El cansancio es un gran enemigo.
Cuando estamos cansados somos más irascibles; nos pasa a los adultos y, también a los pequeños de la casa. Desde el punto de vista de un niño, existen situaciones muy aburridas o cansadas (comprar en el supermercado o un viaje en coche). Si unimos cansancio y aburrimiento, el conflicto puede surgir en cualquier momento. Nosotros somos los que mejor conocemos a nuestros hijos y tenemos que saber reconocer cuándo están cansados y cuándo es momento de retirarse a descansar.
Los adultos también tenemos momentos de agotamiento en los que nos es más difícil dialogar y estar calmados con nuestros hijos. No temas pedir ayuda, túrnate con tu pareja, busca apoyo en familiares o amigos para no llegar a situaciones de cansancio extremo. 

—Calma, respira. Recuerda que tú eres el adulto.
Hay situaciones muy complicadas que nos pueden llevar al límite de nuestro aguante. En esos momentos, debemos hacer una pausa, respirar profundo varias veces y, si te es posible, pedir un pequeño relevo para recuperar la calma. En caso de conflicto, si nosotros también nos tensamos, entraremos en una espiral de muy difícil solución. 

Recuerda, siempre: debes tener presente que tú eres el adulto y el modelo principal para tus hijos. Tu manera de manejar estas situaciones sentará las bases de la forma cómo ellos resolverán sus conflictos cuando sean adultos. Si han sido tratados con respeto, ellos crecerán más equilibrados, sabrán defenderse y expresar sus opiniones.