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jueves, 19 de diciembre de 2013

ORIENTACIONES ANTE LAS RABIETAS INFANTILES

Ante las rabietas... mucha serenidad y comprensión

ORIENTACIONES PARA LOS PADRES Y EDUCADORES ANTE LAS RABIETAS INFANTILES


—Anticiparnos para poder evitar situaciones conflictivas.
Todos sabemos que hay lugares más comprometidos que otros (la cola del supermercado, el quiosco de la esquina, etc.). Como adultos, podemos prever estas situaciones y tratar de evitarlas. Si mamá sale con el niño del súper mientras papá paga y recoge la compra (o viceversa) o si evitamos pasar delante de la juguetería, estaremos ahorrándonos disgustos innecesarios. 

—Detectar las señales previas.
Un niño no pasa de cero a cien en un segundo. Antes de que se desencadene el conflicto hay unas señales que nos pueden indicar que nuestro hijo no está de acuerdo con algo y se está enfadando. Si les prestamos atención, seguro que detectamos un pequeño gesto de desagrado o un «no me gusta». 

—Entender sus deseos. Ponernos en su lugar.
Debemos tener muy presente que la forma de comprender la realidad de los niños es muy diferente a la de los adultos. Donde nosotros vemos una habitación desordenada, ellos ven su propio orden, su propia disposición de las cosas. 

—Flexibilidad ¿de verdad no puede ser?
Muy relacionado con el punto anterior. Los padres tenemos que distinguir las cosas que son realmente importantes de las que son más secundarias. Muchas veces, les llenamos la vida de normas y límites que no tienen verdadero sentido práctico y que es fuente de frustración para los pequeños. 
Los niños deben tener y entender unas mínimas normas de seguridad (los cuchillos cortan), convivencia (si grito por la noche, puedo molestar a otros) y respeto a los demás (si le pego a otro, le duele), pero más allá de estos límites mínimos, los niños necesitan margen para experimentar, disfrutar y expandir sus mentes. 

—Favorecer la comunicación. Verbalizar lo que le pasa.
Uno de los ámbitos en el que tenemos que incidir para minimizar las explosiones de enfado de los niños es en la comunicación. Desde muy pequeñitos, podemos potenciar cualquier manera de comunicación (gestos, palabras sencillas). Si nuestro hijo es capaz de expresar cosas como«no me gusta» o «me estoy enfadando», cuando llegue a los 2-3 años, nos será mucho más fácil comprender lo que quiere y poder hablar con él cuando no sea posible concedérselo. Cuanto mejor pueda explicar tu hijo lo que le pasa o lo que le enfada, más fácilmente podréis buscar una solución que satisfaga a todos. 
Háblale con calma, con un tono sereno, explícale los motivos por los que no puede hacer lo que quiere en ese momento: «sé que quieres seguir montando en bicicleta, pero se ha hecho de noche, mamá está muy cansada y tenemos que ir a casa». Además, de esta forma, él se sentirá respetado y aprenderá a tratar con respeto a las demás personas. 

—Ofrecer alternativas si no puede ser.
Hay momentos en los que no podemos complacer a nuestros hijos, no por crearles frustración a propósito, sino porque la vida tiene sus propias limitaciones y no siempre podemos hacer lo que queremos. 
Siempre hay que tener un «plan B». Debemos tener en mente una relación de las actividades y los juegos favoritos de nuestros hijos para poder ofrecerles una alternativa cuando no podamos darle lo que pide. Correr, dar volteretas, cosquillas, etc. En general, cualquier actividad que implique jugar con papá o mamá es mano de santo. Cualquier niño prefiere jugar con sus papás antes que una chuchería. 

—El cansancio es un gran enemigo.
Cuando estamos cansados somos más irascibles; nos pasa a los adultos y, también a los pequeños de la casa. Desde el punto de vista de un niño, existen situaciones muy aburridas o cansadas (comprar en el supermercado o un viaje en coche). Si unimos cansancio y aburrimiento, el conflicto puede surgir en cualquier momento. Nosotros somos los que mejor conocemos a nuestros hijos y tenemos que saber reconocer cuándo están cansados y cuándo es momento de retirarse a descansar.
Los adultos también tenemos momentos de agotamiento en los que nos es más difícil dialogar y estar calmados con nuestros hijos. No temas pedir ayuda, túrnate con tu pareja, busca apoyo en familiares o amigos para no llegar a situaciones de cansancio extremo. 

—Calma, respira. Recuerda que tú eres el adulto.
Hay situaciones muy complicadas que nos pueden llevar al límite de nuestro aguante. En esos momentos, debemos hacer una pausa, respirar profundo varias veces y, si te es posible, pedir un pequeño relevo para recuperar la calma. En caso de conflicto, si nosotros también nos tensamos, entraremos en una espiral de muy difícil solución. 

Recuerda, siempre: debes tener presente que tú eres el adulto y el modelo principal para tus hijos. Tu manera de manejar estas situaciones sentará las bases de la forma cómo ellos resolverán sus conflictos cuando sean adultos. Si han sido tratados con respeto, ellos crecerán más equilibrados, sabrán defenderse y expresar sus opiniones. 


martes, 29 de octubre de 2013

ORIENTACIONES SOBRE EL USO DEL CHUPETE

 
El chupete no es un invento reciente. De hecho, existen rastros de su presencia que datan del 1.000 a.C, aunque el primer chupete moderno se patentó en los Estados Unidos en setiembre de 1900. Mucho más simple, tenía la misma forma de los que se conocen hoy: una tetina de goma, un aro alrededor y un asa para sostenerlo. 

El uso del chupete es y ha sido una práctica ampliamente extendida, pero también ha sido una cuestión muy debatida, sobre todo en los últimos años. Su uso ofrece ventajas y también algunos inconvenientes, pero estos inconvenientes pueden evitarse con un uso adecuado.
El uso del chupete se relaciona con una menor incidencia de muerte súbita del lactante y tiene un efecto tranquilizante que puede ser útil al bebé y a los padres en determinados momentos (es un recurso de gran ayuda en niños con cólicos y muy irritables). Su uso interfiere con la lactancia materna cuando ésta no está aún bien instaurada, favorece la aparición de mal oclusiones (deformidades de los dientes y del paladar) si su uso se prolonga, (y si se prolonga más allá de los 36 meses puede repercutir en el crecimiento craneofacial) y constituye un factor de riesgo para las otitis medias de repetición.
La existencia de este artilugio se justifica por la necesidad biológica e instintiva de succionar que poseen todos los bebés, llamada “succión no nutritiva” (SNN), que se manifiesta en la succión de sus dedos, pulgares, puños, biberones y chupetes. Se trata de un reflejo normal que ayuda a la supervivencia y que se inicia cuando el bebé está todavía en el vientre de su madre (de ahí que algunos aparezcan en las ecografías chupándose el pulgar).
Hoy en día, el uso del chupete se encuentra muy arraigado en las sociedades desarrolladas como la nuestra. Tal es su poder, que en inglés se utiliza la palabra pacifier para referirse al chupete, aunque hasta hace bien poco, parecía que este producto que tanto gusta a los bebés –y a sus padres– era culpable de que los pequeños no quisieran tomar pecho, o no el suficiente; de que cogieran una infección de oído detrás de otra, y de que sus bocas fueran carne de ortodoncista, por lo que evitar el chupete se convirtió en una especie de máxima pediátrica. Con el tiempo, sucesivos estudios científicos han ido matizando la mayoría de estas creencias.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Extinguir la conducta de chuparse el dedo

  • HASTA LOS 4 AÑOS DE EDAD:
Es normal que los niños se chupen el dedo antes de los 4 años de edad y en general no se debe prestar atención a esto, sobre todo cuando el niño está cansado, enfermo o nervioso. Hay que ayudarle a superar las situaciones que lo ponen nervioso.

No obstante, si el niño tiene más de un año de edad y se chupa el dedo porque está aburrido, sería conveniente distraerlo dándole. algo para hacer con las manos sin mencionar su inquietud porque se chupa el dedo.

De vez en cuando es bueno elogiarle por no chupar el dedo. Hasta que su hijo sea suficientemente mayor para poder razonar con él, cualquier presión de parte de los padres que se efectúe para que deje de chuparse el dedo sólo producirá resistencia y falta de colaboración.

La acción de chuparse el dedo expresa la capacidad del niño para autosatisfacerse en el nivel sensorial, para calmarse.
El chuparse el dedo es un comportamiento normal en los niños. La acción proporciona tranquilidad y confianza. Después de la edad de tres o cuatro años, es importante que el niño deje de succionar el pulgar, debido a que la succión puede causar deformaciones significativas orales e irreversible. Este hábito con frecuencia es difícil de eliminar y requiere mucha paciencia y habilidad por parte de los padres.
Distráigalo o no preste atención cuando chupe dedo
Es normal que los niños se chupen el dedo antes de los 4 años de edad, por lo que no debe prestarle atención, sobre todo cuando el niño está cansado, enfermo o nervioso; para ello; puede ayudarle a superar las situaciones que lo ponen nervioso, si está aburrido, trate de distraerlo déle algo para hacer con las manos sin mencionar su inquietud, de vez en cuando elógielo por no chuparse el dedo.
Cuando su hijo sea más grande, podrá razonar con él, por lo que no olvide que cualquier presión de su parte para que deje de chupar dedo sólo producirá resistencia y falta de colaboración.

Algunas sugerencias para dejar el hábito:
1. Usted debería ser capaz de explicar por qué debe dejar de chuparse el dedo, este paso es importante para que el niño entienda las posibles consecuencias de continuar chupándose el dedo pulgar. Explíqueselo con palabras sencillas.
2. Involucre a su hijo mediante la creación de un programa de incentivos (“- Si no te chupas el dedo conseguirás esto.”) que le ayude a detener la conducta: por ejemplo, un calendario en el que se señalen los días que se ha chupado el dedo o y los dias en que no lo ha hecho. Cuando no haga la conducta utilice una recompensa apropiada. El objetivo es encontrar una manera divertida con la que ayudar al niño a erradicar la conducta. Creer que sólo con gritos o castigos vamos a erradicar este hábito es erróneo.
3. Esté atento a los momentos en los que el niño está solo; es más probable que se chupe el dedo. Intervenga facilitando la realización de actividades como dibujo, pintura, rimas, etc.
4. También se puede poner cinta adhesiva en el pulgar, un guante o un barniz amargo, pero hay que explicarle por qué le puso cinta adhesiva o un guante. Deberá asegurarse de que entiende que no es un castigo. Dígale que esto es para ayudarle. Para hacerlo más divertido, se puede elegir la cinta adhesiva con pequeños personajes.
5. Ármese de paciencia y observe de forma amplia el carácter y el ambiente con el que interacciona el niño (familia y escuela). Esté atento a las características de su entorno que puedan favorcer está conducta (ambientes y situaciones estresantes).
Qué deben saber los padres:

- El acto de chuparse el dedo, es una conducta que le proporciona al niño seguridad y tranquilidad.
El pecho de la madre, el biberón y el chupete han sido los encargados desde pequeños de satisfacer estas necesidades; por lo que puede que el niño, una vez retirados estos elementos, continué buscando esa sensación placentera en otros estímulos orales, como por ejemplo: su dedo pulgar.
- Es muy frecuente que la conducta de chuparse el dedo esté asociada a otro movimiento con la otra mano, por ejemplo, tocarse la oreja, el pelo, hacer bolitas, tocarse el ombligo, etc
- Otras causas que pueden dar explicación a esta conducta, son:
  • Comportamiento regresivos (nacimiento de un hermano, cambios de domicilio, separación de los padres…)
  • Proporciona seguridad
  • Producido por el aburrimiento
  • Como respuesta a situaciones de ansiedad, inseguridad, angustia…

Consecuencias de chuparse el dedo

Chuparse el dedo puede provocar deformaciones: en el dedo pulgar ocasionando callos y heridas dolorosas, también en encías, dientes y paladar. Esto puede provocar alteraciones en el lenguaje, concretamente dislalias (alteración en la articulación de los fonemas).

¿Qué podemos hacer los padres?

La actitud de los padres es muy importante. Pensad que el problema no es sólo de vuestro hijo sino de los tres. No se arreglará el problema sacándole el dedo de la boca ni diciéndole repetida y monótonamente "deja de chuparte el dedo, pareces un bebé". No lo ridiculices nunca ni le quites mérito. Le cuesta mucho abandonar un hábito que le da seguridad y bienestar. Piensa como él y ponte en su situación.

Valora y motiva cualquier pequeña colaboración por su parte con halagos…. Para los pequeños, visualizar sus éxitos, les es de gran ayuda. Para ello podéis fabricar con vuestro hijo un calendario semanal, en el que anotar utilizando: dibujos, estrellas, coronas… los logros conseguidos cada día. Establece previamente con tu hijo qué recompensa obtendrá si consigue controlar su conducta (poco a poco, primero dos veces al día, luego tres…).Algunas de las recompensa que podéis utilizar son: ir a casa de un amigo, al cine, a casa de los abuelos, un ratito más de juego, etc, evitando así las recompensas materiales que pueden terminar siendo un chantaje.

Por ejemplo: Durante dos semanas vas a controlar exclusivamente esta conducta mientras come. Pega o dibuja un sol los días que lo hace correctamente y no le recompenses con ningún dibujo los días que no lo ha conseguido. Al cabo de los días estipulados puedes canjear sus puntos por el premio establecido
Aunque se chupen el dedo en casa no es frecuente que también lo hagan en el colegio. En el caso de que esto ocurra, explica en el colegio qué sistema sigues de recompensa en casa. Así ellos podrán ser consecuentes con tus objetivos y continuar con la misma metodología. En ningún caso debe ser ridiculizado delante de los demás niños, tanto dentro como fuera del colegio.
  • DESPUÉS DE LOS 5 AÑOS DE EDAD:
Ayúdele a su hijo a dejar de chupar dedo durante el día
Los niños de 5 años de edad ya puede razonar y están en una etapa de desarrollo en la que pueden cooperar con los padres y tratar de superar el mal hábito, para ello es bueno que comprendan la relación entre causa y efecto, la capacidad para distinguir el bien del mal, y la habilidad de practicar cierto control de sí mismo.
Si su hijo está de acuerdo con dejar de chupar dedo, el próximo paso es planificar la actuación a partir de un programa de refuerzo, teniendo en cuenta: que los niños pueden frustrarse con facilidad y querer dejar de intentarlo rápidamente, la ayuda de los padres es fundamental para el éxito por lo que deberán estar a su disposición durante los primeros días difíciles para distraerlo del hábito de chupar, planeando para ello actividades para mantenerle las manos ocupadas, como por ejemplo: dibujar, hacer artes manuales, rompecabezas y juegos(si las manos están ocupadas no se las pondrá en la boca), también podemos buscarnos maneras de recordárselo, como: colocando una cinta en el pulgar… Elogie a su hijo cuando note que no está chupando dedo en situaciones en que antes lo hacía. Esto servirá para aumentarle la confianza en si mismo.

Cuando un niño se chupa el pulgar los padres se alarman y se preocupan por hacer desaparecer esa “manía”, sin pararse a pensar el efecto reconfortante que tiene para el niño ese acto.
Esta preocupación e interés por parte de los padres por acabar con esa manía, les conduce a abusar de los castigos llegando así a situaciones desagradables para los padres y para los niños, a la vez de conseguir pocas mejoras, por lo que es este boletín os proponemos: entender el hábito de chuparse el dedo y orientaciones para su posible solución. Las orientaciones que se proponen, se plantean desde el refuerzo positivo, es un trabajo conjunto entre padres e hijos, que requerirá de mucho esfuerzo, dedicación, paciencia etc pues supone desaprender un hábito.

Después de los 5 años de edad, ayude a su hijo a dejar de chuparse dedo durante el día:

1. La mayoría de los niños de 5 años de edad ya puede razonar y están en una etapa de desarrollo en la que pueden cooperar con los padres y tratar de superar un mal hábito. Deben poder comprender la relación entre causa y efecto, la capacidad para distinguir el bien del mal y la habilidad de practicar cierto control de sí mismo y poder negarse ciertas cosas.
2. Primero, trate de convencerlo para que deje de chuparse el dedo, mostrándole cómo se le pueden estropear los dientes y afectar otras partes del cuerpo. Háblele sobre los aspectos no saludables de colocarse el pulgar lleno de gérmenes o sucio en la boca. Hay que apelar a su orgullo. A esa altura la mayoría de los niños estarán de acuerdo en que les gustaría dejar de chuparse el dedo.
3. Si el niño dice que está de acuerdo con dejar de chuparse el dedo, el próximo paso es planificar cuidadosamente su abandono. Para ayudarles a que tengan éxito, los padres deberían estar a su disposición durante los primeros días difíciles para distraerlo del hábito de chupar, planeando actividades para mantenerle las manos ocupadas, como por ejemplo dibujar, hacer artes manuales, rompecabezas y juegos.
4. Puesto que la mayoría de los niños que tienen el hábito de chuparse el dedo no se dan cuenta de lo que están haciendo, es importante que haya alguna manera de recordárselo, colocando algo sobre el pulgar. Las tiritas con personajes infantiles son útiles durante el día, pero los niños por lo general necesitan ayuda para colocárselas en la parte superior del pulgar. Sin embargo, es importante que el niño use las tiritas porque quiere y no porque sus padres lo obligan. Preséntele este recordatorio como si fuera un ayudante especial para saber cuándo el pulgar se le quiere mete a la boca sin que él se dé cuenta. Limite la cantidad de tiempo que el niño ve televisión durante las primeras semanas y evite otras situaciones que estimulen el hábito de chupar.
5. Los niños mayores también podrán querer una actividad para controlar la urgencia que sienten por chuparse el dedo. Puede sugerirle que haga algo distinto con el pulgar, como por ejemplo colocarlo dentro del puño cerrado durante 10 segundos o girar los pulgares, uno alrededor del otro. Aunque lo mejor es que el niño se acuerde solo, a veces es útil que los padres se lo recuerden al niño, siempre y cuando él esté de acuerdo. Pregúntele si está bien que se lo recuerden cuando él se olvide. Hágalo con delicadeza, con comentarios como "¿Sabes qué?", y poniendo el brazo sobre el hombro del niño para que se acuerde que está chupando dedo de nuevo.

Al mismo tiempo, ayude a su hijo a que deje de chupar dedo de noche:

6. La mayoría de los niños dependen mucho de chuparse el dedo para relajarse y dormirse por la noche y durante la siesta. Este hábito al dormir es la parte más fuerte del comportamiento y la que lleva más tiempo en eliminar. Es importante tratar de superar el problema de noche, al mismo tiempo que se lo trata de superar de día, para reducir la frustración y aumentar la probabilidad de éxito.
7. Los padres, por la noche, puede decir al niño que chupar el dedo para dormirse no es su culpa, porque "ese pulgar se te mete en la boca sin que te des cuenta, porque estás dormido." Necesitará un buen recordatorio, como por ejemplo algo que le cubra toda la mano. Ponerle una media larga de algodón sobre la mano es lo más efectivo. Otra posibilidad es un guante o un títere de mano. Ayúdele a tomar este recordatorio como una manera inteligente y divertida de ayudarle, y no como un castigo. Es importante que los padres recuerden que ellos no pueden eliminar el hábito por el niño. El hábito es del niño, y éste debe cooperar voluntariamente.

Incentivos:

8. Elogie a su hijo cuando note que no está chupando dedo en situaciones en que antes lo hacía. Esto servirá para aumentarle la confianza en sí mismo. Póngale una estrella en su cuadro o déle una recompensa (como una golosina o un cuento más por la noche) al finalizar el día o en un tramo concreto de tiempo si no se chupó el dedo.

Si todas estas pautas no sirven, se debe acudir a un psicólogo, debido a que si se prolonga el hábito pueden surgir problemas de malposición dental.

Es muy importante que no se hagan comentarios negativos o de burla delante del niño referidos a este problema. Todo lo que se haga se debe enfocar de forma positiva y no forzando las situaciones.


Tomado de diversas Fuentes: J.Valverde / EAT Nalvalmoral / EOEE-AT-Jaén

miércoles, 19 de junio de 2013

¿Cuál es la mejor edad para llevar a tu hijo a la guardería?

Los pediatras aconsejan que sea a partir de los dos años


A muchos padres no les queda más remedio que acudir a las guarderías para que les echen una mano con la crianza de sus hijos mientras ellos trabajan. Otros, los menos, pueden elegir. En cualquier caso, existe una serie de recomendaciones que conviene conocer antes de tomar esta decisión. Y han sido los pediatras (reunidos en el 62º Congreso Nacional de Pediatría) quienes han lanzado una serie de consejos que tener en cuenta cuando llegue este importante momento. Ellos consideran que «cuanto mayor sea el pequeño mejor tolerará la incorporación y asistencia desde todos los puntos de vista».

Preparar el sistema inmune


La edad también es un factor determinante para preparar el sistema inmunológico frente a los constantes focos de infección que se generan en las escuelas infantiles. Según diversos estudios, los niños que acuden a guarderías sufren más enfermedades que los menores que se quedan en casa. «Se calcula que, de media, un niño que va a la guardería tendrá alrededor de 10 procesos febriles al año, casi uno al mes», dice el doctor Jordi Pou, coordinador del Comité de seguridad y Lesiones Infantiles de la Asociación Española de Pediatría (AEP).
Los virus campan a sus anchas por las aulas de los más pequeños. El rinoviurs, responsable del catarro común, es el más frecuente. «Y se propagan con facilidad a través de la saliva que se elimina al toser, por los juguetes y objetos que manipulan» los niños, explica el doctor Antonio Jurado.
El aumento de infecciones en las guarderías es evidente, lo que da pie a un desarrollo precoz del sistema inmunológico. «Se estima que en los primeros cuatro años de vida el niño padece unas 100 infecciones víricas que, sin embargo, fortalecen sus defensas. Aun así, cuanto más tarde se incorporen a la guardería, mayor tolerancia a los virus tendrá el menor. El riesgo de una bronquiolitis no es el mismo en un lactante de dos meses que en un niño de dos años», recomienda el doctor Jurado.

Mayor capacidad de adaptación

Los niños que acuden a centros preescolares muestran mayor capacidad de adaptacióny socializaciónen el inicio de la escolarización, según estiman los pediatras. El doctor Jurado dice que «para un niño de dos años y medio puede ser positivo acudir a uno de estos centros para que, al llegar la escolarización obligatoria, tenga superado el ‘trauma’ de separarse de la madre y tenga más facilidad para relacionarse con sus compañeros y sentirse menos aislado ante la nueva situación».
Sin embargo no todos están de acuerdo. «La capacidad de socialización depende de cada niño y del entorno en el que se haya desarrollado, ya que un menor que no haya ido a la guardería, pero que se haya criado con hermanos o primos no presentará diferencias psicosociales relevantes», dice Jordi Pou.

El cuidador

Desde el punto de vista cognitivo, los expertos sostienen que las aptitudes de los menores no se ven especialmente afectadas por el hecho de asistir o no a un centro infantil, ya que su comportamiento en los primeros años se ve favorecido principalmente por una sola persona: su madre o quien le sustituya en los cuidados.

Decálogo para escoger escuela infantil

miércoles, 5 de junio de 2013

LAS PRIMERAS SEMANAS DE VIDA DEL BEBÉ / CURSOS ON-LINE PARA PADRES PRIMERIZOS


Todo lo que un padre primerizo debe saber para sobrevivir los primeros días del bebé
A los padres primerizos les asaltan una y mil dudas durante el primer mes de vida de su bebe. Cuantas veces habremos oído decir: ¿por que no vendrán con manual de instrucciones? ... Ahora es posible gracias al curso online que ofrece www.mecenium.com, que cuenta con los consejos del doctor Juan Casado Flores, jefe de Pediatría del Hospital Niño Jesús y autor del curso «El primer mes de vida del bebe». En él los padres primeros pueden conocer de mano de este experto cómo va a ser el parto, lo que harán con el bebé nada más nacer, y recomendaciones como esta:  
 «No permitas que nadie hable alto o moleste al bebé. Contrariamente a lo que antes se pensaba, los recién nacidos son capaces de oír, de ver y de sentir». 

En este curso, el doctor Juan Casado también previene a padres primerizos para que no se asusten si su bebe estornuda, ya que no es un síntoma de resfriado, sino un método natural de limpieza de las fosas nasales, si el pequeño regurgita sin fuerza, porque es totalmente normal, o si aparece el hipo al final de la toma, ya que es señal de plenitud, desaparece, y no necesita tratamiento. Asimismo tranquiliza a los padres novatos sobre el adelgazamiento en los primeros días de vida (de un 8 a un 10 por ciento del tercer al quinto día). 

«Lo normal es que un niño que pese tres kilos al nacer pierda un máximo de 300 gramos, que recuperará antes del décimo día». Tampoco hay que asustarse, continua, si el color de la piel y el blanco de los ojos del bebe es ser amarillo al nacer. «Esto se conoce como ictericia y suele desaparecer tras la primera semana de vida».

 

Otras falsas alarmas:

El jefe de pediatría del Hospital Niño Jesús advierte también de que no pasa nada si el papá o la mamá primerizos detectan manchas moradas o violáceas en la espalda de su bebe. «Pueden tardar semanas, meses y a veces más de un año en desaparecer». Tampoco es preocupante, prosigue, si aparecen angiomas o manchas rojas en la nuca de tu bebe. «Se producen por un mayor crecimiento de venitas o capilares sanguíneos y desaparecen espontáneamente». O si el niño presenta al nacer hemorragias en la parte blanca de los ojos. «Se producen en el momento del parto y el organismo reabsorbe la sangre sin necesidad de tratamiento», añade Casado.

Por último, entre las recomendaciones que hace este especialista en el curso de www.mecenium.com, destaca la referida a la temperatura del neonato, motivo de disputa entre muchas parejas. «Durante la primera semana, los recién nacidos duermen casi todo el día. Sólo se despiertan para comer o porque algo les impide descansar. La temperatura del bebe oscila entre 36 y 37 grados. Cuando es baja, significa que esta poco abrigado. Si es mayor de 37'5 puede estar demasiado abrigado o tener una infección», concluye este experto.

 

Los cursos de www.mecenium.com